sábado, 4 de febrero de 2012

Neve a Roma


Desde antes de vivir aquí sabía perfectamente lo que haría si algún día me pillaba una nevada en Roma. No tenía muchas esperanzas de que ocurriera, ya que, al ser una ciudad tal cercana al mar es muy difícil que nieve...pero el caso es que ayer cuando me desperté estaban empezando a caer copos.
Tenía claro mi objetivo y, como ya me conozco bien el tráfico romano y lo mucho que se altera cuando caen cuatro gotas, decidí coger el metro, aunque un autobús habría sido más directo. Cuando me bajé en Colosseo me decepcioné un poco al comprobar que la incipiente nieve se había transformado en lluvia, aguanieve como mucho. Pero decidí seguir hacia mi destino igualmente, y, tras unos pocos pasos por la Via del Fori Imperiali comenzó una nevada mucho más fuerte que no paró en todo el día.
Aferrada a mi paraguas, asistí al extraño espectáculo de ver nevar sobre los foros, sobre los Mercados de Trajano, sobre "la tarta"...callejeé un poco y pronto estuve delante del enorme edifico que andaba buscando.
Lo que sigue es indescriptible, hice fotos pero no sirven de mucho. Apenas se ve la nieve, ni se aprecia la lentitud con la que descendía por el óculo de la cúpula, ni la sensación mágica que lo envolvía todo, ni el extraño silencio acompañado de unos cuantos "ohhhh", "Oh my god!" y "Mamma mia, mamma mia!". Alucinante. No puedo decir más, hay que vivirlo.




Siguió nevando todo el día y esta mañana se veía esta imagen desde mi ventana. Y yo de exámenes y sin poder salir a jugar con la nieve...

domingo, 30 de octubre de 2011

Domingo trasteverino


Debo confesar que adoro el Trastevere, el barrio medieval por excelencia de Roma, el que está al otro lado del río (de ahí su nombre) y aún conserva un espíritu propio, a pesar de que se haya convertido en un lugar extremadamente turístico. El Trastevere tiene algo especial y siempre merece la pena dedicarle un domingo soleado como el de hoy.
Normalmente es mejor evitar los sitios tan turísticos los fines de semana, pero nunca está de más darse una vuelta por Porta Portese, el mercadillo más importante de Roma, abierto todos los domingos de 6 a 14 desde Piazzale Portuense hasta Viale Trastevere, donde se puede encontrar absolutamente de todo.
Después, acercarse al Trastevere más típico, hacia la plaza de Santa María in Trastevere. Entrar en la iglesia, ver sus preciosos mosaicos y sentarse un rato en la plaza.



Para comer, es mejor esquivar los muchísimos restaurantes con menús turísticos, meterse por el Vicolo del Piede y llegar a Casetta di Trastevere, restaurante bonito, bueno y barato donde los haya (sus pizzas son de las mejores que he probado en Roma, y tienen unos spaghetti frutti di mare que son para morirse). De postre, comprar un helado en alguna gelateria (con la panna, si nos dan a elegir y somos muy golosos) y comérselo en las escaleras de Piazza Trilussa, mirando al Tíber.



Y para terminar, cruzar el río pasando por la Isola Tiberina, y echarle un vistazo a la cúpula de San Pietro, que se ve a lo lejos, para recordar lo afortunados que somos de estar en Roma.

Yo cuento lo que he hecho hoy, pero, por supuesto, en el Trastevere se pueden hacer muchísimas cosas más, como entrar en sus iglesias, ver los frescos de Rafael en la Villa Farnesina, subir al Gianicolo y visitar San Pietro in Montorio, o salir por la noche por cualquiera de sus bares y pubs.


miércoles, 26 de octubre de 2011

Ostia Antica

En las últimas semanas internet ha estado de lo más intermitente, sobre todo desde el jueves pasado, el día que se inundó Roma (y que nos dejó sin metro durante un par de días y con unas imágenes de lo más curiosas, como una canoa navegando por el Circo Massimo).
Este fin de semana volvió a salir el Sol un poco, así que aproveché para irme de excursión con unos amigos a un lugar muy cercano a Roma que tenía muchas ganas de visitar: Ostia Antica.

Fundada en el siglo IV a. C., Ostia fue concebida inicialmente como un enclave de defensa militar, para proteger la desembocadura del Tíber de posibles ataques, pero poco a poco se fue convirtiendo en el puerto comercial más importante de Roma, un núcleo urbano en el que convivían numerosas culturas, como demuestran los muchos templos dedicados a dioses extranjeros, como Mitra, Isis o Cibeles, y la basílica cristiana del siglo IV. La ciudad fue decayendo junto con el Imperio Romano, y en el siglo IX los habitantes que quedaban se trasladaron a Gregoriopolis, una ciudad de nueva planta mandada edificar por Gregorio IV.
Aunque no puede compararse con yacimientos como Pompeya y Herculano, Ostia se encuentra en un estado de conservación bastante bueno, destacando especialmente el teatro.

Llegar hasta allí es muy sencillo, simplemente hay que coger un tren en la estación de Pirámide, o en Basilica S. Paolo, al que se accede con el billete de metro normal, y no se tarda más de media hora en llegar. Desde allí se puede aprovechar para ver un poco el pueblo (que tiene un castillo fortificado del siglo XV) y para acercarse a la playa, que no está demasiado lejos.
Os dejo con unas fotos que hice:














jueves, 6 de octubre de 2011

Borromini y su perspectiva en la Galleria Spada

Después de tres años estudiando Historia del Arte, durante los cuales nos habrán llevado a tres o cuatro museos o iglesias, me encuentro con que aquí, sólo en una de mis asignaturas de este semestre, visitaremos unos veinte museos. Empecé el lunes las clases (precioso día para una huelga general de transportes en toda la ciudad) y ayer ya tuvimos la primera visita, a la Galleria Spada, un lugar que si bien había estudiado, aún no había tenido la oportunidad de ver en persona.

La Galleria Spada es una pequeña pinacoteca situada en el Palazzo Spada, edificio construido a mediados del siglo XVI para el Cardenal Girolamo Capodiferro, quien da nombre a la plaza en la que se encuentra. En 1632 el palacio fue adquirido por el cardenal Bernardino Spada, que comenzó la colección de arte que alberga en su interior (con obras de Guercino, Guido Reni, Carracci, Tiziano, Orazio Gentileschi y Artemisia Gentileschi, entre otros) y encargó al arquitecto Francesco Borromini que realizara ciertas modificaciones en la edificación manierista.



La obra principal que realiza Borromini en este edificio es un pasillo que une un patio amplio con otro más pequeño. No se disponía de demasiado espacio para realizar una galería grandiosa, así que el arquitecto recurrió a un ingenioso juego de perspectiva. Realizó una galería columnada en la que, según se avanza, el suelo va ascendiendo, el techo descendiendo y las columnas y los casetones que decoran la bóveda y el suelo decrecen, confluyendo todo en un único punto de fuga.

Esta disposición en forma de embudo, imperceptible a simple vista, sumada a la división del pasillo en tramos de tres columnas entre los cuales se rompe la bóveda para dejar pasar la luz (que se refleja en la arquitectura blanca), contribuye a dar la impresión de que la galería es mucho más amplia de que lo que es en realidad. A simple vista, la estatua que se encuentra al otro lado del pasillo parece tener una estatura humana, cuando en realidad mide 60 cm, y el pasillo parece mucho más largo y alto, pues el arco de entrada mide 6 metros y da la impresión de que esas medidas se prolongan en toda la galería.
En nuestra visita, una profesora nos mostró como, en realidad, la galería se puede recorrer con tan sólo quince pasos (pues sólo mide 9 metros, aunque aparente unos 37), y si se sitúa una persona al otro lado, parece ser un auténtico gigante.

Los juegos ópticos para engañar al espectador, aparentando inmensidad y magnificencia donde no la hay son muy propios del arte barroco. Borromini utiliza constantemente estos trucos en sus obras, jugando con arquitecturas curvilíneas en las que la incidencia de la luz es esencial para crear formas que sorprenden al visitante.
En esta perspectiva en particular se inspiró Bernini para realizar la Scala Regia del Vaticano, entre 1663 y 1666, una espectacular entrada en la que se han realizado estratégicas correcciones ópticas.

Espero que si alguna vez vais a Roma os animéis a visitar este curioso rincón oculto, uno de los muchos que se encuentran por toda la ciudad, si se sabe buscar.

Esta noche me voy a Madrid, pero el domingo ya estaré de vuelta con más cosas que contar.


domingo, 2 de octubre de 2011

Relato sin título.

Mírame con el rostro quieto y apagado.
¿Dónde estás? Aún no consigo verme.

*

Caía la tarde. La brisa otoñal revolvía sus cabellos y los árboles se movían al compás de alguna melodía oculta en su memoria de siglos.

Dudaba.

Había tomado una decisión, o eso pensaba hasta que advirtió que no paraba de enredar un hilo entre sus dedos.
“La vida tan sólo nos depara elecciones”, pensó, “pero jamás terminaremos de escoger nuestro camino, pues, a la vuelta de la esquina siempre habrá una nueva bifurcación”.
Se miró los pies durante un instante, antes de proseguir con el curso de sus pensamientos.
“Mi vida es la constante huida de bifurcación en bifurcación. Trato de escapar de las amargas decisiones, para finalmente encontrarme plantada ante otra elección, ante otros dos caminos que desean ser recorridos”.
Ese mundo no estaba hecho para ella, que prefería que fueran las respuestas las que la encontraran y no al revés. ¿Tan difícil era de comprender? ¿Acaso le ocasionaría un gran problema al Destino proporcionarle las claves para poder continuar su travesía sin naufragar?

Miró el reloj. Ya era casi la hora. A lo lejos, se oía el repicar de unas campanas, y el Sol terminaba su viaje diario, tiñendo el cielo de naranja. En cualquier momento debería levantarse y sentir cómo sus pies la arrastraban hacia ese lugar.
“Ha sido una idea terrible. No puedo hacerlo, no quiero”. Pero su cuerpo, tal vez más sabio que esa retorcida mente, ya respondía por ella. Antes de poder darse cuenta se encontraba caminando, acercándose a la puerta del parque.
“En realidad ni siquiera sé adónde voy, eso es lo que más me asusta”.

Dejó atrás el parque, corrió por la avenida para alcanzar un autobús, se escabulló entre cuerpos cansados que regresaban a sus casas, y trató en vano de no pensar demasiado, pues cuanto más lo hacía más segura estaba de que no quería continuar con aquello.

No percibió mucho más. Tal vez empezara a llover, puede que corriera sobre espejos de agua, es posible que tropezara y cayera. Pero no fue realmente consciente de lo que pasaba a su alrededor hasta que se encontró llamando a aquella puerta con una mano empapada.

Después, una conversación escueta.

- ¿Diga?
- Soy yo.
- …¿Tú?
- Sí, yo.
- …Ah…ya pensaba que no venías.

Empujó la pesada puerta, que se abrió con un ruido torpe y metálico, y dirigió sus pasos encharcados hacia la escalinata de mármol. Su cerebro martilleaba a cada paso: “mala idea, mala idea, mala idea”. Aún no era demasiado tarde…todavía podía darse la vuelta y huir, ya lo había hecho otras veces. No obstante, parecía que alguna fuerza anónima se hubiera apoderado de su cuerpo.

Se descubrió encogida en el descansillo de la séptima planta, frente a aquella puerta verde. Sus piernas habrían podido llevarla hasta ahí, pero el pánico había vuelto a ganar la partida.

Sentada frente a la puerta, con la ropa calada y los huesos helados, una vez más, dudaba.





Imagen: Reloj de Agua de Pincio, Villa Borghese, Roma.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Un poeta

No siempre hablaré de Roma, ya dije que me dejo a muchos en Madrid. He aquí un poeta y amigo al que envidio de la forma más sana posible.





Por Roma todo bien. Me pego con la burocracia, mejoro como ama de casa, una (adorable) compañera de la residencia me da clases de italiano gratis, me pierdo por la universidad y me pateo la ciudad todo lo que puedo.
Hasta la próxima

lunes, 26 de septiembre de 2011

Consejos Erasmus (1): Qué debes saber antes de pedir la beca

Hoy empiezan las clases mis compañeros en Madrid y me estaba acordando de que hace justo un año yo estaba empezando tercero de carrera con una idea fija en la cabeza: "el año que viene me voy de Erasmus". Como estoy segura de que muchos otros empezarán este curso (o habrán empezado, que con Bolonia empiezan las clases a principios de septiembre,) con ese mismo objetivo y, como yo, estarán bastante perdidos, durante estos meses haré una serie de artículos con consejos para futuros Erasmus.
Había pensado en empezar con los consejos a partir de diciembre, que es cuando se suele empezar con los papeleos para pedir la beca (al menos en la Complutense, no sé cómo irá la cosa en otras universidades), pero creo que hay ciertas cosas que debéis tener en cuenta antes de que llegue el momento de solicitarla:

1. Piensa si realmente quieres irte de Erasmus.

Una beca erasmus te va a aportar muchísimo, pero también requiere bastantes sacrificios. Piensa que estarás entre 6 y 10 meses viviendo en un país diferente, con un idioma y unas costumbres distintas, dando clases en otra lengua y lejos de tu familia y amigos. Si pones de tu parte, estas dificultades no supondrán una gran barrera para que vivas una experiencia maravillosa, pero ten en cuenta que cada recompensa requiere un esfuerzo y tal vez no estés preparado para afrontarlo o no seas el tipo de persona
Digo esto porque muchos erasmus son propensos a entrar en pánico al estar en un país extranjero y recluirse en un círculo cerrado de erasmus de su misma nacionalidad durante todo el curso, con lo que ni se relacionan bien con los nativos del país ni llegan a aprender el idioma correctamente. No es que haya que huir de los demás españoles ni creo que una persona que vaya a, digamos, aislarse entre los de su país no deba pedir esta beca, pero, sinceramente, yo te recomendaría partir con ganas de aventura, predispuesto a conocer a gente de todo tipo, a disfrutar de tu destino y a aprender de cada experiencia.

2. Asegúrate de que puedes pedir la beca.

No sirve de nada pasarte varios meses ilusionado creyendo que te vas a ir un año fuera si a la hora de solicitar la beca te das cuenta de que no puedes pedirla, o bien porque no tienes los créditos suficientes o porque no cumplas otros requisitos.
Normalmente cada facultad tiene unas normas diferentes. Por lo general tienes que tener aprobados cierto número de créditos, por lo que no te recomiendo que pidas la beca si, por ejemplo, haces una carrera de cuatro o cinco años y estás empezando segundo, pues es posible que aún no tengas todos los créditos que te piden. De todas formas, lo mejor es informarse bien en la web de la universidad correspondiente, o preguntar en la oficina de movilidad.
También conviene saber qué otros requisitos te piden. Lo normal es que a la hora de repartir las becas se tenga en cuenta el expediente y el nivel de idiomas, pero, como ya he dicho, en cada universidad, y en muchos casos, en cada facultad, hay unas normas diferentes.
Otra cosa que debes tener en cuenta es si puedes permitirte económicamente la beca. Suena contradictorio, pero casi todo el mundo sabe que las becas Erasmus están muy mal dotadas, y lo más seguro es que necesites el apoyo económico de tu familia y/o buscar un empleo para poder mantenerte durante esos meses.

3. Piensa dónde quieres ir...o más bien dónde puedes ir.
Seguramente ya tengas una idea de cuál quieres que sea tu destino, pero, para evitar decepciones, no estaría de más que vayas mirando cuáles fueron los destinos disponibles el curso anterior para tu carrera, pues cada facultad tiene unos convenios diferentes con distintas facultades extranjeras. Si yo, por ejemplo, hubiera querido estudiar en Londres, no habría podido, porque mi facultad no tiene un acuerdo con ninguna universidad londinense para la carrera de Historia del Arte.
Entonces, asegúrate de cuáles son tus opciones y elige las que prefieras. Cuando solicites la beca tendrás que rellenar un impreso en el que pondrás varios destinos por orden de preferencia, que se te adjudicarán o no dependiendo del expediente, el nivel de idioma y el currículum (aunque esto no suele contar mucho y no sé si lo piden en todas las universidades). Si salen las plazas y no te ha tocado ninguno de tus destinos prefentes te suelen dar la opción (si han sobrado plazas) de optar a algún destino sobrante.

4. Estudia idiomas.
Tendrás que hacer un examen para garantizar que cumples el nivel de idioma requerido (cada destino suele tener un nivel, que, salvo excepciones, no son demasiado altos), así que intenta apuntarte a algún curso o estudiar por tu cuenta. Los exámenes de idiomas no es que sean muy complicados, pero tienes que tener cierta base. Además, cuanto mejor domines el idioma mejor te entenderás cuando estés allí.
También tienes la posibilidad de convalidar un título de idiomas, si lo tienes y es del nivel requerido, con lo que no tendrías que hacer el examen.

5. Entérate bien de las fechas y plazos para entregar el papeleo.
Seguramente no tengas que hacer nada hasta dentro de un par de meses, pero intenta enterarte pronto de cuándo puedes pedir la beca y qué necesitas para solicitarla.

De momento esto es todo. La parte mala del erasmus es todo el papeleo que conlleva, antes, durante y después de irte, pero os aseguro que merece la pena.